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miércoles, 30 de diciembre de 2015

"El remedio del amor" de Ovidio

         “¡Qué manera tan hermosa de decir tonterías!” Tengo que decir que en varias partes de este libro, llegué a pensar esto. Es verdad: el pensamiento de la sociedad de Ovidio dista mucho de una sociedad cristiana a la que pertenecemos tú y yo, y tal vez por eso mismo lo disparatado de muchos pensamientos de esta obra. No obstante, muchos de los consejos de Ovidio, son universales y muy útiles a la hora de enfrentar los problemas que el amor y desamor acarrean. En “El remedio del amor”, Ovidio intenta presentar una serie de consejos y máximas para quien tiene un “problema de amores”, ya sea que ame y no sea correspondido, ya sea que esté en una relación que sabe que debe terminar; el caso es que ante el problema del amor, todos nos hemos encontrado perdidos más de una vez… y Ovidio quiere hacerla de nuestro guía en el camino.

         En su gran mayoría, el escrito se presenta en sentido negativo: “Cómo evitar el amor”, “cómo sacarse la flecha de cupido del corazón”; pero con gran facilidad puede convertirse el texto en su forma positiva: “Cómo alimentar el amor”, “cómo acrecentar el sentimiento mutuo”; visto de esta manera, es útil para quien quiere sondear su interior, tratando de encontrar nuevas razones para amar y alimentar la hoguera. Visto desde este ángulo, la lectura resulta muy satisfactoria.

           Con una visión precristiana del amor, Ovidio parece ver en el amor un elixir exquisito para el deleite de los sentidos corporales y espirituales, elixir que al dejar de ejercer su efecto embriagador, es mejor desechar y correr en sentido contrario. En efecto, es la imagen del amor “Eros” de los griegos, en contraposición del amor “cáritas” que más adelante los cristianos vendrían a desarrollar: más espiritual, más abnegado, más sacrificado.

           Sin embargo, no podemos dejar de reconocer que en muchos sentidos los pensamientos relativos a la forma en que el amor crece, se desarrolla y muere según Ovidio son vigentes, después de todo, la naturaleza del hombre sigue siendo la misma. Basta con repasar algunos de sus consejos para darse cuenta de que tiene mucha razón y podrían pasar como proverbios del rey Salomón: “La amistad es un bálsamo que cicatriza profundas llagas”, “Con las memorias se renueva el amor”, “las riquezas, alientan el desenfreno de la lujuria”.

            Desafortunadamente, hay muchas citas de esta obra que en las que nunca podré estar de acuerdo, pero que están tan bien escritas que no pude evitar exclamar la frase con la que inicié este escrito.

         De cualquier manera Ovidio, no deja de ser una voz que es necesario escuchar, si del amor queremos aprender.

Calificación: dos estrellas de cinco.

Lo bueno: Lo bien escrito que está, no en balde Ovidio es un clásico.

Lo malo: La imagen tan limitada del amor, sin duda Ovidio es un hijo de su tiempo.

Lo feo: Dicha imagen limitada del amor, a veces llega a parecer mezquina. “El amor perdura largo tiempo alimentado por los celos, si quieres terminar con el amor, termina con la desconfianza”, (que lamentable frase).

No obstante hay varias perlas en este libro:

·         “Yo amé siempre, y si me preguntas mi actual ocupación, te diré que es la de amar”.

·         “La medicina es el arte de aprovechar el tiempo, el vino que se receta a su debido tiempo es saludable, y dañoso si se pierde la oportunidad”.

·         “Si te arrepientes cuando aún no has entregado del todo tu corazón, entonces será el momento de detener los primeros pasos”.

·         “Es un crimen aborrecer hoy a la que amabas ayer: tan rápidas mudanzas sólo convienen a caracteres violentos y atroces”.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Amores

                Un buen amigo me dijo: no puede uno decirse lector, si no ha leído a los clásicos greco-romanos, y yo estoy de acuerdo, es por eso que en esta ocasión me adentré en la poesía lírica de Ovidio, poeta latino, nacido en 43 a.C. El libro leído es “Amores”, es un gran poema dividido en tres libros, bueno, inicialmente eran cinco libros, de los cuales sólo tres se conservaron, los otros dos, seguramente fueron parte del acervo de la gran biblioteca de Alejandría perdido para siempre.

                En este poema, Ovidio relata su historia de amor con una muchacha llamada Corina. Aunque no se puede asegurar que la tal Corina haya existido o sea la personificación de diferentes amores del poeta. Sea cual fuere la naturaleza de Corina, fue el pretexto perfecto para que el poeta nos dejara versos de gran lirismo y belleza, ¿de qué trata este libro?: del amor, del amor sensual entre hombre y mujer, tocando prácticamente todos los temas relacionados con el amor y la relación de pareja: el deseo, el erotismo, la violencia doméstica, el perdón, el adulterio (de hecho, en muchos momentos Ovidio menciona abiertamente que Corina es una mujer casada, a la cual él enamora), los celos, las promesas incumplidas, la coquetería, la disfunción eréctil (¡vaya usted a creer!), el desamor, el amor de la esposa, una vez dejada la juventud… todo el espectro de los sentimientos relacionados con la relación de pareja los podemos encontrar aquí.

                No olvidemos que Ovidio es un escritor precristiano, su religión abarca todo el panteón grecolatino: Júpiter, Mercurio, Minerva, Marte, pero sobre todo y ante todo: Venus y Cupido, los dioses del amor, de quien él, como buen poeta, se declara sacerdote. A los ojos de un lector cristiano, resulta llamativo leer oraciones devotas a Venus y a Eros, que podrían en momentos leerse como si de la Virgen y Cristo se tratara. Pero lo que hizo llegar mi sorpresa al máximo, fue encontrarme un momento específico del poema en el que de manera increíble me pareció estar leyendo la carta de San Pablo a los Romanos, a continuación reproduzco ambos textos que, me atrevo casi a llamar paralelos entre un autor gentil y uno cristiano:

 

“Si de algo aprovecha declarar las propias culpas;

Lo confieso y sigo como un loco aferrado a mis extravíos:

Los odio, y aun deseándolo, no puedo ser otro del que soy.

¡Qué pesado, soportar la carga que uno quisiera echar de los hombros!”

(Ovidio, Amores, Segundo libro IV)

 

“Puesto que no hago el bien que quiero,

Sino que obro el mal que no quiero,

¡Pobre de mí!,

¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?”

(San Pablo, Romanos 7, 19. 24)

            ¡El mismo tedio, la misma pesadez de ir en contra de la propia naturaleza que arrastra hacia lo que se reprueba! “Amores” se publica en el año 16 a.C. así que es probable que San Pablo, perteneciente al mundo helénico del primer siglo cristiano haya leído los versos de Ovidio y hayan causado un fuerte impacto en su pensamiento cristiano respecto a su lucha interior, de tal manera que al escribir a los Romanos haya tomado la ideas de Ovidio traduciéndolas en lenguaje cristiano, produciendo de esta manera, unas bellas “semillas del Verbo” que los cristianos romanos del primer siglo sabrían identificar y asumir. De cualquier manera, no dejó de ser impactante a los ojos de un cristiano del siglo XXI.

            En el final del primer libro, hace una gran apología del poema lírico, frente al poema épico o la prosa. El padre de Ovidio lo quería abogado y para tal efecto lo manda a estudiar retórica, sin embargo Ovidio, deshecha la discusión legal y política para abrazar la poesía, pues para Ovidio, usar la palabra para las discusiones banales es pérdida de tiempo, mientras que los poemas de Homero, Sófocles, Lucrecio y otros más, permanecerán para siempre… ¡y cuánta razón tenía! “Los poemas burlan las amenazas de la muerte”, escribe. Cerrando con una profecía que se cumple cada vez que un lector abre las páginas de este libro: “Así, cuando el fuego de la pira haya consumido mis restos, aún viviré, y será inmortal la parte mejor de mi existencia”.

            De singular interés resulta la postura de este romano frente al aborto: “Tamaña atrocidad ni la cometen los tigres en los antros de Armenia, ni la leona se atreve nunca a malograr sus partos, y lo ejecutan las tiernas jóvenes, aunque no impunemente, pues muchas veces paga con la vida la madre que destruye en el útero el fruto de su fecundidad”.

                Decía Carlos Fuentes que toda la literatura que podríamos escribir, ya la escribieron los clásicos: la tragedia y la comedia, la lírica y la épica, cualquier historia que quisiéramos escribir, no es otra cosa que la variación del original escrito por los griegos y los romanos. Ovidio es una prueba de ello.

                Valoración: cinco estrellas sobre cinco. Es un libro que todos deberíamos leer alguna vez en la vida.

                Lo bueno: La forma en la que el autor plasma la experiencia del amor que todos hemos gozado y sufrido.

                Lo malo: Retrata el amor antes de la experiencia cristiana, con toda la fiebre de un ser humano, pero sin la calidez del “cáritas”. Pero, ¡vamos!, es una obra de su tiempo.

                Lo feo: En muchos momentos se retrata la animalidad del amor erótico, que aún en lenguaje poético, resulta a veces chocante.

                Algunas perlas de este libro:

·         “Quiero que algún joven, herido por la misma flecha que yo llevo clavada, reconozca, leyéndome, las señales del fuego que le consume”.

·         “¿Qué es el sueño sino la fría imagen de la muerte?

·         “Ciñó mi cuello con sus brazos y estampó en mi cara mil besos que fueron mi perdición”.

·         “Por lo que he visto, sospecho cuánto me enajenarían los tesoros que velan tus vestidos transparentes”.

·         “Alta fue y graciosa, y alta y graciosa sigue siendo; tenía unos ojos provocadores, y todavía resplandecen como estrellas los ojos con que me burló tan a menudo su perfidia”.

·         “Recuerdo que ella juró poco ha por sus ojos y los míos, y sólo los míos han llorado”.

·         “Te amo; deseo odiarte, y siento que me es imposible, y entonces quisiera morir, pero junto contigo”.

lunes, 16 de febrero de 2015

La Ilíada

            La Ilíada es uno de esos libros que “todos creemos haber leído”, pero que en realidad casi nadie lo ha hojeado siquiera. Me explico: todos nos sabemos de una o de otra forma la historia de la guerra de Troya: al menos la leyenda del caballo de Troya y la existencia de un héroe invencible, llamado Aquiles; cuya única debilidad, era el talón y cómo la guerra se inició por el rapto de una tal Helena, por lo cual se le conoce como “Helena de Troya”. En parte, por lo que escuchamos en la escuela, y lo que aprendimos en las producciones de Hollywood.

            Sin embargo, este poema épico, (aclaremos que no es novela), poco tiene que ver con la idea preconcebida que tenemos de la historia.

            Empezando: la guerra de Troya duró aproximadamente 10 años y esta obra relata los sucesos acaecidos durante el último año del asedio a la ciudad de Troya. El libro inicia ya estando los pueblos en guerra, el autor presume que todos los personajes son ya conocidos y no necesitan ningún tipo de presentación, ya sea porque los considera  parte del imaginario popular, o bien, y esa es mi percepción personal, porque “La Ilíada” forma parte de un “corpus literario” más amplio, del cual también formaba parte “La Odisea”, es decir, me imagino a la obra de Homero como una saga (ahora que están de moda las sagas) de varios poemas concatenados entre sí, que describían a los héroes y los hechos de los 10 años de la guerra de Troya y que, por alguna razón, se perdieron en el tiempo y de los cuales sólo llegaron a nosotros los dos poemas Homéricos que conocemos. Probablemente toda la saga llegó a formar parte del acervo de la extinta Biblioteca de Alejandría, pero bueno, esas son conjeturas que sobrepasan los alcances de esta reseña.

            Decía entonces: el libro sólo describe los hechos ocurridos en el último año de la guerra: no describe las razones de la guerra, es decir, el juicio de Paris no está incluido, tampoco el rapto de Helena, ni la convocatoria de Menelao y Agamenón para acudir a sitiar a Troya, no relata siquiera la historia de la muerte de Aquiles, aunque constantemente la menciona, pero sólo como vaticinio; finalmente, tampoco cubre la historia del caballo de Troya. ¿Pues entonces de qué trata la Ilíada?

            El tema principal es la guerra. ¡Y vaya que lo es! La inmensa mayoría del relato es la descripción de las batallas peleadas al pie de las puertas de la ciudad, en el campo y en la playa donde se encuentra el campamento Aqueo y sus naves, la descripción de las peleas cuerpo a cuerpo de los héroes de ambos ejército: Por el lado de Troya, Héctor, general del ejército Troyano e hijo del Rey Príamo; Paris, su hermano, Teucro, Laoconte, entre muchos otros. Por el lado de los Aqueos, Agamenón, rey de Micenas, jefe del ejército aqueo y hermano de Menelao, esposo de Helena; Ulises, rey de Ítaca; Ayax, el Grande; Ayax, el menor, Antíloco, Diomedes,  Patroclo y, claro, Aquiles, aunque aparece y participa poco en la historia, debido a que casi durante todo el relato, se abstiene de luchar por los aqueos, debido a que se encuentra disgustado con Agamenón por haberle arrebatado a su concubina Briseida.

            El hecho de que Aquiles se retire de la guerra, inclina el fiel de la balanza a favor de los Troyanos y Héctor se adjudica grandes victorias en las batallas que se describen durante la historia. Llama mucho la atención, el carácter épico de la historia y el gran lirismo que se logra en ocasiones, precisamente en momentos que parecerían fuera de lugar: baste con repasar los largos diálogos llenos de lirismo que Homero pone en los labios de los personajes en plena batalla, ¿quién puede decir diálogos como estos, mientras está resistiendo la carga de un ejército entero, o mientras trata de romper las falanges enemigas?, ¡es imposible!, claro, ¡pero es un poema épico!, y los diálogos no hacen más que resaltar los valores que son apreciados en el ejercicio de la milicia: el valor, la fuerza, la habilidad para pelear, el honor y el desprecio de los dolores, por más intensos que estos sean.

            De manera especial, el relato de la lucha que se da por el cuerpo de Patroclo, una vez que es vencido y muerto por Héctor, adquiere dimensiones épicas indescriptibles: por un lado; los aqueos, tratando de rescatar a su compañero y evitar que su cuerpo sea mancillado por los Teucros (Troyanos) y, por el otro lado, los teucros, que tratan de completar la victoria apoderándose del cuerpo del más grande amigo de Aquiles, como trofeo de esa batalla, en este punto insisto que la Ilíada es más que otra cosa la historia de Héctor, el héroe de Troya y no tanto de Aquiles, que apenas aparece y actúa al inicio de la obra y en su climax final.

            La muerte de Patroclo a manos de Héctor, hace que Aquiles renuncie a su ira contra Agamenón y regrese a la batalla, dando muerte a Héctor de manera dramática. La visita de Príamo al campamento aqueo para reclamar ante Aquiles el cuerpo de su hijo, provoca un diálogo muy hermoso entre ambos enemigos que tenían motivos de sobra para odiarse y que, sin embargo, dan a entender lo absurdo de la guerra y el alto nivel de honor de ambos personajes.

            Finalmente, otro punto de gran atractivo es ver a los dioses del Olimpo tomar parte de uno y otro bando, con conocimiento o al margen de Zeus. Llama la atención también la forma en la que interactúan con los humanos: tomando la forma de personajes conocidos para el otro, muy a la manera de los ángeles del Antiguo Testamento.

          Algunas perlas de este libro:

"El vino aumenta mucho el valor del hombre fatigado".

"Gran fuerza tiene la exhortación de un amigo".

"Ayudadme todos, pues la obra de muchos siempre resulta mejor".

"De todo llega el hombre a saciarse: del sueño, del amor, del dulce canto y de la agradable danza, cosas más apetecibles que la pelea; pero los teucros no se cansan de combatir".

"El necio sólo conoce el mal cuando ha llegado".

"El leñador más hace con la habilidad que con la fuerza".

"El gran Príamo entró sin ser visto, y acercándose a Aquiles, abrazole las rodillas y besó aquellas manos, terribles, homicidas, que habían dado muerte a tantos hijos suyos... A Aquiles le vino deseo de llorar por su padre; y cogiendo la mano de Príamo, apartole suavemente".